Secretaría de Cultura y Turismo

Notas al programa de la Gira OSEM 50 años. Festival Internacional Cervantino.

Por José María Álvarez

JOSÉ PABLO MONCAYO

Nació en Guadalajara, Jalisco, el 29 de junio de 1912.

Murió en la Ciudad de México el 16 de abril de 1958.

 

Homenaje a Cervantes

 

La obra orquestal más característica de Moncayo, el Huapango, escrita en 1941, fue el punto de partida para varias partituras que revelan el lirismo y dominio rítmico de este autor. Así pues, el Huapango abrió brecha para ese lenguaje de consolidación del Moncayo que, aún muy joven, ya era un compositor sólido y reconocido. Las obras orquestales que siguieron en su catálogo fueron su única Sinfonía (1944) y la Sinfonieta (1945). De alguna forma, ese desarrollo culminó, primero, con sus Tres piezas para orquesta (1946-47) y posteriormente con Tierra de temporal (1949), Cumbres (1953) y Bosques (1954).

Sin embargo, la obra que hoy se escuchará de Moncayo surgió gracias a una celebración particular y su factura está alejada de los tintes nacionalistas que había impreso en la mayoría de sus partituras, pero no por ello deja de asombrar por su fineza y sensibilidad.

El Homenaje a Cervantes fue escrito por Moncayo para conmemorar en México los 400 años del nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) en 1947. Las celebraciones musicales estuvieron a cargo de varios compositores españoles que habían llegado a México exiliados a causa de la Guerra Civil Española, como Rodolfo Halffter (1900-1987), Jesús Bal y Gay (1905-1993), y Adolfo Salazar (1890-1958). Ellos se habían unido para trabajar en pro del ambiente musical mexicano; sus esfuerzos cristalizaron en la creación del grupo Nuestra Música que, a través de la organización de los Conciertos de los Lunes y la publicación de una revista, daban a conocer nuevas obras de autores nacionales y lo más nuevo en la creación internacional. Paralelamente, ellos se encargaron de fundar Ediciones Mexicanas de Música para publicar exclusivamente partituras de autores mexicanos.

Así fue como se organizó el concierto conmemorativo de Cervantes dentro de los Conciertos de los Lunes y se convocó tanto a Moncayo como a Blas Galindo (1910-1993) para que escribieran obras relativas a la celebración. Y aunque Moncayo trabajó de manera ciertamente rápida en la partitura, nos legó un Homenaje a Cervantes concebido para dos oboes y orquesta de cuerdas que está muy apegado al lenguaje sonoro de la música antigua, con “evocaciones al repertorio renacentista y del Siglo de Oro”, como bien lo anota Eduardo Contreras Soto (n. 1965).

En palabras de Silvano Cantú: “Moncayo nos convidó una melodía perseverante y heráldica, mansa, aparentemente ajena al ‘objeto cultural’ que cuando vivía se llamó Cervantes. No hay mármoles gélidos ahí, ni brindis impertinentes, sino una ofrenda elemental de agua, hierbas y laja. (…) La partitura convoca a un ensamble preciso y dulce. Con una melodía mínima, una orquestación puntual y acaso ningún hipertexto castellano o morisco que le prestara un colorante artificial al tema, Moncayo urde un mensaje profundo y digno, sin aspavientos, como si se tratara de la voz de un elemento de la naturaleza demasiado antiguo.”

El Homenaje a Cervantes fue estrenado el 27 de octubre de 1947 en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México, junto a la partitura homónima de Galindo y otras obras de Halffter y Manuel de Falla (1876-1946), con un conjunto instrumental dirigido por Luis Sandi (1905-1996).

 

ROBERT SCHUMANN

Nació en Zwickau, Alemania, el 8 de junio de 1810.

Murió en Endenich, Alemania, el 29 de julio de 1856.

 

Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, op.129

  • Nicht zu schnell
  • Langsam
  • Sehr lebhaft

 

A principios del otoño de 1850, Robert Schumann se convirtió en director municipal de música en Düsseldorf. En ese momento, una fatídica enfermedad mental ya había comenzado a desarrollarse, y sabemos que se vio obligado a renunciar a su cargo tres años después. Cuando se considera su carga de trabajo en ese momento, queda claro que el exceso de compromisos debe haber contribuido significativamente a su condición. Su ritmo febril se puede ver en el hecho de que solo tardó quince días (del 10 al 24 de octubre de 1850) en componer su Concierto para violonchelo.

La gran velocidad a la que trabajó Schumann no significa, sin embargo, que produjera obras de forma indiscriminada. Por el contrario, parecía bastante insatisfecho con el Concierto para violonchelo y debido a ello le realizó varias correcciones. No fue sino hasta dos años después de haber "terminado" la pieza le escribió por primera vez a Gottfried Christoph Härtel (1763-1827), editor de la casa Breitkopf & Härtel, que el Concierto estaba listo para ser publicado e, incluso modificándolo, hizo algunos cambios adicionales. La partitura apareció finalmente en Leipzig en agosto de 1854, cuando el compositor ya estaba internado en una clínica siquiátrica de Endenich. La obra nunca pudo escucharla en vida.

Por lo general, se considera a Schumann como un compositor principalmente de música pianística y, a menudo, se le reprocha no del todo injustamente por no comprender completamente cómo controlar el sonido de una orquesta y, a menudo, dejar que la sonoridad instrumental se vuelva demasiado densa. Sin embargo, al componer el Concierto para violonchelo, parece haber tenido en cuenta los problemas especiales de este preciso instrumento solista: limitó a dos instrumentos de cada uno de alientos madera, dos cornos, dos trompetas y timbales. Llama la atención la omisión de un segundo par de cornos; naturalmente, Schumann sabía que, sobre todo, estos últimos pueden ahogar fácilmente el sonido del violonchelo.

La obra tiene tres movimientos, rápido-lento-rápido, aunque el violonchelo toca uniendo pasajes en lugar de pausas entre movimientos. Entre los movimientos externos, que en algunos lugares ejercen todo el virtuosismo del instrumento solista, hay una sección lenta que puede describirse mejor como un romance para violonchelo solo. Aquí el acompañamiento orquestal retrocede en gran medida a un segundo plano; solo hay cuerdas y breves participaciones de los alientos. Este movimiento se describe a menudo como la parte más hermosa del Concierto y forma una parte orgánica de las muchas composiciones contemplativas y sumamente románticas de Schumann.

El estreno del Concierto de Schumann ocurrió durante una presentación de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig el 9 de junio de 1860 en las manos del chelista Ludwig Ebert (1834-1908) y dirigido por Julius Rietz (1812-1877), un día después de lo que hubiera sido el cumpleaños número cincuenta del autor.

 

WOLFGANG AMADEUS MOZART

Nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1756.

Murió en Viena, Austria, el 5 de diciembre de 1791.

 

Sinfonía núm. 40 en sol menor, K. 550

  • Molto allegro
  • Andante
  • Menuetto (allegretto) y trío
  • Allegro assai

 

La partitura de la Sinfonía núm. 40 está fechada el 25 de julio de 1788, y su orquestación original incluyó una flauta, dos oboes, dos fagotes, cornos y cuerdas, aunque Mozart añadiera posteriormente dos clarinetes. Es interesante observar que en las Sinfonías 39 y 41, se utilizan trompetas y timbales, totalmente ausentes en la instrumentación de la 40; pero esa ausencia es entendida con respecto a la personalidad y al ambiente general de la obra. Su espíritu puede ser tomado como un tanto ligero para que pudiera resultar en música dramática, pero su tonalidad -sol mayor-, juega un papel importante al hacerla nostálgica y con tintes de tristeza, totalmente contrastante junto a la Sinfonía 41 -la llamada Júpiter, terminada menos de un mes después- cuyo discurso es más optimista gracias a su tonalidad en do mayor. En ese sentido, Otto Jahn (1813-1869), uno de los más destacados biógrafos de Mozart en el siglo XIX, calificó a la Sinfonía 40 como “una Sinfonía de dolor y lamentación” y, en contraparte, Hector Berlioz (1803-1869) aseguró que en esta música existe “gracia, delicadeza, encanto melódico y finura en su artesanado".

El tema con el que abre la Sinfonía 40, es quizá una de las melodías más intensas y estremecedoras que escribiera Mozart, y que sólo encuentra un poco de calma al contrastar con un segundo tema, de carácter elegante. Douglas Hammond asegura que “lo bombástico de los últimos siete compases no concluye apropiadamente el movimiento y deja preguntas que sólo pueden ser respondidas en los movimientos tercero y cuarto.” La sección siguiente es un poco más relajada que la parte anterior, definida por el estudioso mozartiano Alexandre Oulibicheff (1794-1858) como "un sueño escapado a través de las puertas de marfil del Elíseo" y cuyo cromatismo “raya en lo sobrenatural”; el Minueto regresa al sol menor con insistencia y fuerza, para convertirlo en un movimiento elegante pero muy temperamental. Todas las tensiones emocionales creadas a lo largo de la partitura (las muy evidentes y las subrepticias) encuentran una solución coherente y enérgica en el finale. Muy acertado es el comentario de Oulibicheff con respecto al final de esta Sinfonía: "Dudo que la música contenga algo más profundamente incisivo, más cruelmente triste, más violentamente abandonado o más completamente apasionado".

La Sinfonía 40 de Mozart fue probablemente estrenada los días 16 y 17 de abril de 1791 con una gigantesca orquesta de 180 músicos dirigidos por quien era el compositor de la Corte de Viena: Antonio Salieri (1750-1825).